martes, 27 de julio de 2010

Abierto por vacaciones


Ahora que los llantos de nuestros niños y niñas quedarán silenciados en sus cuatro paredes, que las risas irán acompañadas de baños con arena y ahora que padres y madres valorarán más nuestro trabajo, es ahora cuando estoy más que nunca abierto a nuevos mundos y a nuevos ojos con los que ver la vida.

Probablemente este árbol no de frutos en verano, pero está abierto a injertos y a gotas que le posibiliten mantenerse vivo.

Aliméntame, no me abandones.

Hasta pronto.

martes, 6 de julio de 2010

Gracias


Cuentan lenguas seseantes, que hace ya una década habitaba por Sevilla un viejo errante con cara de niño desolado y escondido en un pequeño y triste cuerpo.

Para él no existían los problemas, pero tampoco las aventuras. Vagaba sin cantar y quien le acompañaba era sólo para hundirle en su memoria. Andaba por la inercia de los pasos y por esa desidia que le acompañaba en las tardes de los viernes. Así anduvo y anduvo sin dejar huella en el camino hasta que los azares del destino le empezaron a regalar varios motivos para reconciliarle con la vida y para quitarle el maldito traje gris.

Su primer motivo vino por sorpresa. Nunca creyó que su primer impulso fuese tan distinto a él como aquel impulso era. Vino lento y cauto, firme y decidido. Éste fue el primero que le hizo pensar que era alguien especial.

Casi a la misma vez vino un segundo apoyo vitalicio. También inesperado, se unió a la causa después de haber estado merodeando algún tiempo.

Después llegó una sonrisa. La sonrisa que tanto y tanto había ansiado. La sonrisa llevaba tiempo llamando a su puerta, pero por una serie de ruidos, nunca pudo escuchar el timbre.

En cuarto lugar llegó un oído donde cantar las penas. Un oído que escuchaba y gritaba a la vez, un oído que por el tiempo, tuvo problemas de audición.

También llegó el día en el que llegó una conversación interesante, que callaba cuando debía y siempre hablaba oportunamente.

Para terminar, llegó la alegría. Una alegría trabajada (después de haber visitado la pena) y que inundaba noches frías para convertirlas en candelas.

Y así me fui reinventando, junto a todos mis amigos, esas personas que sin saberlo me cogieron de un agujero y me sacaron a la luz, esas personas que convertieron a un viejo prematuro en un niño eterno.

A José Carlos Miguel "Negro", Ismael Cabas, Alfonso Reina, Javier Rubiales, Pablo Rodríguez y Antonio Miguel "Pitoño".