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martes, 19 de julio de 2016

A la espera



Seguramente cada día de mi vida, después de poner en funcionamiento mi lento y desfasado motor de vitalidad, siempre esperé algo de la luna. Pienso que más o menos vivía y hacía, con la esperanza de que al anochecer se vieran recompensadas mis absurdas y bíblicas flagelaciones. Es triste reconocer que la mayoría de tardes, cuando se aproximaba la oscuridad y empezaba a aflorar la ilusión de la sorpresa, si juzgaba el merecimiento de una noche mágica según los méritos de ese día, siempre salía condenado a la mísera nada. Y nunca eso me frenó para repetir el mismo ritual día tras día, verano tras verano, purgatorio tras purgatorio. Ya no vivo así todos los días. Ha habido muchos días que incluso no he querido levantarme porque esperaba que la noche me trajese una tormenta. Es más, hubo miles de tormentas seguidas. Y lo peor es que mientras las escuchaba llegar, nunca creí que fueran merecidas.

miércoles, 11 de mayo de 2016

miércoles, 4 de mayo de 2016

Mientras todo era mentira

Nunca me sentí libre. Pero mientras tanto era alegre. Nunca eché de menos el mar, hasta que mis lágrimas me recordaron a él. Yo reía y ahogaba las penas en la pena. Nunca estuve lo suficientemente solo, ni lo poco acompañado que quise. Todo era excesivo en mí, aunque yo seguía riendo. Nunca les dije las cosas a la cara y sin embargo, no perdonaba al espejo. Y seguí viviendo allí donde las cosas duelen más o duelen menos, porque no son las cosas reales. Y me creí rodeado de reyes y reinas a las que cual bufón elegido, tenía que mantener siempre alegres y protegidos. Un bufón con ínfulas de curandero superdotado. Y vivía feliz, porque nunca me permití que me vieran triste.

martes, 16 de octubre de 2012

To Mr. Queen



... y despidiéndome de ti pensé en decirte algo bonito que nos quedara en el recuerdo para siempre, pero decidí que fuésemos nosotros mismos hasta en aquel día que cambiaba nuestra forma de abrazarnos. A partir de ahora, cada vez que nos veamos no será ni por casualidad, ni en el banco de abajo de mi casa. Serán encuentros concertados de antemano y con la incertidumbre de los largos recorridos en la carretera. Y no te dije nada bonito porque no quise verbalizar una despedida. Es más, sentía que te ibas con un poquito de mí -aún más con los últimos días que pasamos juntos- y que yo me quedaba con todo lo que me enseñaste. Ahora has ido donde todos sabíamos que llegarías y aún así, nunca nadie se hizo a la idea. Recuérdame cuando me rodees entero con tus brazos la próxima vez, que hablemos y que nos riamos -sobre todo- como siempre hicimos y que estos putos kilómetros, no hagan que no lo hagamos más.

lunes, 18 de junio de 2012

Ya no compro más excusas



Creo que ya es hora de decir abiertamente que estamos hartos de que nos vendan excusas y de hacer un valiente acto de autoevaluación para decidir por nosotros mismos, que vamos a dejar de comprarlas.
Cuando hablo de excusas, hablo de un sentimiento que tenemos arraigados los españolitos desde pequeños, que no sé cuándo se empezó a promulgar (por la historia quiero suponer que no siempre fuimos así) y que nos hace sentir ciudadanos del mundo de segunda per se. Parece que los primeros que no creemos en nosotros somos nosotros mismos y que no hace falta que la nueva “Dama de Hierro” (por cierto mal fundida en Germany) nos diga que nuestro carácter mediterráneo nos hace ser menos productivos, menos innovadores, menos trabajadores, menos emprendedores, más derrochadores, más fraudulentos, más corruptos… porque nosotros ya lo sabemos, es más, lo presumimos y lo llevamos a gala, porque todo eso se contrarresta con sangría, sol, farolillos y Julio Iglesias. Pues ya no me lo trago más.
Nadie me va a negar, que nos hace gracia el que con sesenta años ha cotizado diez días, cuenta chistes por la tele y vive como Dios; que tenemos envidia del que ha dado un pelotazo empresarial estafando al estado y a sus trabajadores, que por tener dinero suficiente para untar, no pisa la cárcel o la visita de turismo; que cualquiera se cambiaría por el primo de su cuñado que es funcionario y no le conoce ni el bedel del edificio donde trabaja; que queremos que nuestro hijo sea futbolista y que nuestra hija se “preñe” de Cristiano Ronaldo; que odiamos profundamente a los políticos, pero que si yo estuviese ahí haría lo mismo… ¿Nadie me va a negar esto verdad? Pues no me lo negaréis porque todos estos pensamientos y actos los tenemos en lo más profundo de nuestro ADN ibérico. Pero si nos ponemos a pensar, muy muy pocos quieren ser así. Pocos queremos ser así porque sabemos que no está bien y porque “Risitas” hay dos o tres y además nadie lo quisiéramos como hermano; porque el pelotazo te hace rico de momento, pero un desgraciado para toda tu vida; porque todos hemos jugado en la calle o en el cole con chavales mejores que Soldado, Torres o Busquets, pero que por un mal día nunca llegaron a nada; porque ser el suegro de Cristiano Ronaldo por unos meses te hace ser el que le limpie el coche y el que le sirva para dar limosna de vez en cuando; porque el que roba siendo político, es porque ha robado toda su puñetera vida…
No nos pongamos más excusas para no crecer, para no salir adelante, para vivir en la comodidad nuestra y en la austeridad de nuestros hijos. Es posible cambiar nuestro futuro con la ayuda y el trabajo de todos y tenemos un ejemplo magnífico delante de nuestros ojos y no lo queremos ver.
Yo tengo la edad suficiente para haber escuchado cada dos años durante más de dos décadas aquella famosa expresión de “la maldición de los cuartos”. Siempre nos quedábamos apeados en esa fase, porque tenía que ser así y cuando no era un codazo de Tassoti, era un árbitro egipcio o si no un penalti a las nubes. Lo cierto y verdad es que esa expresión estaba tan asumida como todas las que antes enumeré. Pues hubo una persona que llegó el día en el que no se la creyó. Una persona tipical spanish, con fama de juerguista, borracho y gracioso, que cambió para siempre la historia del fútbol español. Fue el Sabio de Hortaleza, el que creyó en una idea, trabajó y luchó por ella, no escuchó con qué acento hablaban los trabajadores que tenía a su lado, echó a aquellos que no querían comprometerse y sobre todo, lo hizo eliminando de su ADN lo que tantas veces había escuchado y desoyendo el desaliento de la propia hinchada. Así fue como se cambió una costumbre de décadas, así fue como cambió la mentalidad y la acción de un país en algo tan insignificante y tan significativo a la vez como el fútbol.
Pero ahí no queda la cosa, porque después de aquel gurú de chándal, llegó uno con bigote. Ni más ni menos español, totalmente diferente en su forma de actuar, pero con la misma visión y misión. Otro habría cambiado las reglas y los planos, pero Don Vicente, español de esos correctos, educados, trabajadores… (como muchos de nosotros), desoyó de nuevo a los desalentadores, a los pesimistas, a los agoreros y llevó a un grupo de españoles, con una columna vertebral catalanista, con varios vascos con apellidos impronunciables, con un andaluz que era el que más mandaba y eso que ni jugaba, con un madrileño en la portería que es un referente de todos menos de chulería, con una canario que no jugó lo que debía pero que nunca se quejó, con dos porteros que sabían que nunca jugarían y que eran los que estaban más contentos, con un pequeño sevillano que dejó atrás sus traumas, con un delantero que se quitó media rodilla para poder luchar… a conquistar la copa del mundo.
Y sí que nos hace mucha ilusión la estrellita, las copas y los documentales con música de coldplay, pero no somos conscientes que esas dos personas, apoyándose en españoles como nosotros (algunos más catalanistas, otros más españolistas y pocos andalucistas, la verdad) han cambiado la mentalidad y la forma de actuar de todo un país. Y nosotros seguimos aquí creyéndonos nuestros propios tópicos, nuestras propias mentiras y echando las culpas al vecino de nuestros males cuando no hemos hecho ni el intento de levantarnos a ver qué pasaba.
Pues sí, yo ya he dejado (o estoy intentando) de creerme mis excusas, de creer a los telediarios cuando nos dan malos consejos, por supuesto he dejado de echarle cuenta a los políticos y he decidido ser lo que quiero ser, con mis medios y con los medios de quien yo crea y quiera que se una a mis objetivos. Yo ya no compro excusas, invierto esos gastos en la ilusión de ser mejor persona y en poder ayudar a todo el que esté a mi alcance. Con esta mentalidad sé que podré ganar todas las estrellas que me proponga.

lunes, 5 de marzo de 2012

Mi memoria

Los cubos de la memoria de Ibarrola. (Llanes, Asturias).

... no me sirve de nada cuando realmente la necesito. Solo recuerdo caras en sueños, solo recuerdo bueno momentos que de nada me sirven en mi camino. Y cuando el recordar se vuelve tortuoso y recuerdo caminos angostos que me llevan a precipicios, no me sirve de nada lo recordado ni tampoco lo vivido, termino cayendo al vacío, con la desdicha de creerme un elegido.

martes, 1 de junio de 2010

Perdóname...

Fotografía: Pericoterrades "Matalascañas"

...por no darme cuenta antes de lo que dejamos atrás,

por no valorar lo que aprendimos y vivimos allí hasta ahora,

por no comprender tus lágrimas al marchar,

por querer negar lo feliz que fui.

Por olvidar en algún momento el más bello atardecer.

sábado, 6 de marzo de 2010

Ni un día menos


No dejes de vivir ni un día más porque la mañana esté triste, porque no haya leche en la nevera o porque alguien te intente torpedear.

No le des ese placer a la desidia, no ensalces la desgana y por supuesto no te pongas a llorar.

Saca tu mejor sonrisa y mira a la cara a quien no te quiera ver crecer. Trabaja aunque no tengas trabajo y ríe sin querer.

No dejes de vivir ningún día, porque ese día perdido ni la leche, ni la mañana, ni nadie te lo va a devolver.

Pd. Lo más seguro es que la mañana, la leche o esa persona no lo quisieran hacer.

domingo, 17 de enero de 2010

Cual ave fénix


Hace tiempo que estoy planeando mi plan. Hace tiempo que estoy buscando el pozo, la cueva, el abismo... la destrucción total. Bebo sin ganas de beber y como cuando no tengo hambre, pienso cuando no debo pensar y no río con casi nadie, desorganizo mi exterior y de mi interior me olvido, me hundo conmigo mismo y a veces a alguien invito. Y eso es lo que quiero, llegar a lo más profundo, a lo más hondo de mí, a lo que nunca quise y espero jamás querer. Y busco bañarme en fuego purificador y volver de las cenizas. Quiero empezar desde bajo cero y aprender a caminar de nuevo. Quiero ser de nuevo ave fénix . Quiero de nuevo volar.

sábado, 9 de enero de 2010

Montaña Rusa


Con el miedo que le tengo a las atracciones de feria, con el pánico que me da sólo el hecho de mirarlas, vivo sin querer vivir en una Montaña Rusa.
Vivo en constante oscilación, ahora arriba y después abajo. Tengo siempre la tensión de no saber dónde estaré dentro de un rato. A veces viajo solo y a veces acompañado. Los tickets no los compro, me vienen dados. Puedo llorar igual arriba que abajo. Sonrío siempre aunque por dentro esté llorando.

domingo, 18 de octubre de 2009

Miedo


Tengo miedo de confundir una palabra con un desprecio, una mirada con una rosa, un adiós con un hasta luego o una caricia con un te quiero.

Tengo miedo de no volver a lo de siempre, del embrujo de lo exótico y de la inercia establecida.

Tengo miedo de pensar, tengo miedo de escribir, tengo miedo de hablar de todo lo que escribo aquí.

Tengo miedo de llegar a un callejón con salidas que me obliguen a elegir y a pronunciar despedidas.

Tengo miedo nada más que a mi propia vida.

jueves, 30 de julio de 2009

"Volvieron las oscuras golondrinas"


Tanto tiempo tardé en olvidarlas, tanta gente estuvo conmigo espantándolas (realmente fueron ellos los artífices), que me doy vergüenza de mí mismo cuando pienso que en 50 minutos han vuelto a merodear sobre mi gran cabeza. Como tantas cosas que hago, estas golondrinas, estas negras y odiosas golondrinas (sólo es metafórico) las ahuyentaré por vosotros, para que todo lo que hicisteis por mí, no lo echen por tierra dos miradas y cuatro risas.

martes, 28 de julio de 2009

Punto y aparte

Tanto tiempo luchando contra mí y los míos para prostituirme moralmente, para desintegrar lo poco íntegro que tenía y al final me he dado cuenta que no merecían la pena tantos remordimientos. Ellos casi siempre van a estar ahí y casi nunca van a escribir en el trozo de mi página en blanco que les tenía reservado. Tienen lo que yo más quiero y lo que más detesto en una persona. Ellos son ellos y aquí estoy yo para poner punto y aparte en un laberinto que no tiene solución.